Domingo,
31 de
agosto
XXII Domingo del Tiempo
Ordinario
 «El
que se enaltece será humillado, y el que se humilla
será enaltecido»
Jesús quiere que su banquete, la eucaristía, sea una
mesa de autenticidad y no de ficción, en donde no hay
privilegios ni exclusiones. Para ello, sus discípulos
deben buscar el último lugar, que es el del servicio más
humilde. No podemos olvidar el sentido del pasivo divino
en los evangelios: «El que se humilla será…». El sujeto
de este pasivo es Dios, él será quien enaltecerá la
auténtica humillación por el reino de Dios, y no los
hombres. La verdadera humildad nos hace entrar en el
secreto de Dios, en su misericordia.
Liturgia y
comentario
|