Domingo,
30 de
noviembre
I
Domingo de Adviento

El Adviento es un tiempo de
esperanza activa, de vigilancia y conversión. No se
trata de un simple preámbulo a la Navidad, sino de un
tiempo de gracia en el que Dios nos despierta del sueño
de la rutina y nos llama a vivir con el corazón
encendido. En medio de la prisa, del ruido y del
consumismo que suelen llenar estas semanas, la liturgia
nos invita a detenernos, a hacer silencio, a mirar más
allá de lo inmediato y descubrir los signos discretos de
la presencia de Cristo entre nosotros.
La Palabra de
Dios de este domingo —con la voz profética de Isaías, la
exhortación de San Pablo y el llamado de Jesús a
“velar”— nos sitúa ante la urgencia de despertar, de
abrir los ojos a lo esencial. Este es el espíritu del
Adviento: vivir atentos a la venida del Señor, con fe,
con alegría y con esperanza renovada.
Liturgia y
comentario
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