Parroquia
Perpetuo Socorro
Redentoristas – Vigo
Domingo, 1 de noviembre

Los redentoristas en el
Día de Todos los Santos

Los redentoristas, podemos reflexionar sobre aquellas personas que han influido profundamente en nuestra formación cristiana y redentorista, sobre nuestros cohermanos y sobre los fieles a quienes servimos —y con quienes colaboramos— en nuestra misión. En esta solemnidad, la Iglesia anima a todo cristiano a ser santo.

San Gerardo Maiella también comprendió que su vocación como redentorista era una llamada a una santidad de vida radical. Por ello, al partir hacia el noviciado, dejó una nota a su madre que decía: «Me voy para ser santo».

Hoy no debemos entender la santidad como un ascetismo riguroso o una perfección moral inalcanzable, sino como perfectio caritatis: la perfección del amor y la integridad de vida.

Decálogo de la oración

En cierta ocasión un hombre joven llegó a un campo de leñadores, ubicado en la montaña, con el objeto de obtener trabajo. Durante su primer día de labores trabajó arduamente y como resultado, taló muchos árboles. El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día. Durante el tercer día se propuso mejorar su producción. Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus resultados fueron nulos.

El capataz, al ver los resultados del joven leñador, le preguntó:
— ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?.
El joven respondió:
— Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando árboles.

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Domingo, 1 de noviembre

Solemnidad de Todos los Santos

Ciclo A. Tiempo Ordinario

«Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo»

Celebramos que el amor es eterno, y que somos peregrinos guiados por la fe y llamados a la santidad con una multitud de intercesores. Buscamos el rostro de Dios, su amor misericordioso. En este Evangelio está la enseñanza más importante de Jesús: amar como Dios ama. Y esto se consigue no viendo nuestra existencia solamente a ras del suelo, preocupados y agobiados solamente por el día a día, sino orientando nuestra vida hacia Dios. Bienaventurados porque no estamos a merced de los intereses de este mundo, del poseer para ser más, del acumular para aparentar, sino al servicio del reino de Dios y su justicia.

Domingo, 25 de octubre

Trigésimo Domingo

Ciclo A. Tiempo Ordinario

«Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo»

Jesús responde desde la oración más importante de su pueblo, la que cada fiel repetía dos veces al día: el Shemá (Dt 6, 4-9). Precisamente porque amar a Dios es escucharle y cumplir su voluntad, el amor al prójimo es la consecuencia de este mandamiento principal. Es lo que nos recuerda la primera lectura, y de esto dan ejemplo los cristianos de Tesalónica, ellos son pobres y viven un amor que se esfuerza por los demás, pues han conocido al Dios vivo y verdadero a través de Jesucristo. Este amor no es teórico sino concreto, no es un amor genérico, sino que tiene rostro, pues está a nuestro lado y nos lo encontramos cada día. Es un amor que nos pide hacer a los demás lo que queremos que hagan con nosotros. Que Dios nos conceda amar sus preceptos de esta manera.

Domingo, 8 de noviembre

Trigésimo segundo Domingo

Ciclo A. Tiempo Ordinario

«¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!»

El esposo representa a Cristo en su papel de juez cuando venga al final de los tiempos. El reino de los cielos será una casa abierta para que quien le reconozca pueda entrar para estar con él, y quien no, permanecerá en su oscuridad. Solo quien ama resiste la espera, dispone su cuerpo y espíritu para lo que de verdad merece la pena y se mantiene en el tiempo. El aceite que resiste el paso del tiempo es el amor convertido en sabiduría diaria que sabe esperar lo auténtico, y aguarda un encuentro luminoso con el Señor que nos permita reconocerle y ser reconocidos. La Iglesia es la casa del aceite, y ella me ayuda a llenar mi lámpara de aceite, para que cuando llegue el esposo yo pueda entrar en la Iglesia del cielo. Procuremos tener siempre con nosotros el aceite de la vida eterna.

Jueves Eucarísticos
Archicofradía del Perpetuo Socorro